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La anemia hemolítica autoinmunitaria (AHA) hace referencia a un grupo de afecciones responsables de que el sistema inmunitario destruya los propios glóbulos rojos. Estas afecciones poco frecuentes se producen cuando los anticuerpos -proteínas que normalmente protegen el organismo contra virus u otras infecciones- se adhieren por error a los glóbulos rojos.
Los glóbulos rojos suelen durar aproximadamente 120 días. Sin embargo, cuando los anticuerpos se adhieren a ellos por error, se convierten en blancos del sistema inmunitario y son destruidos prematuramente, antes del fin de su ciclo de vida natural. Cuando esto ocurre, lo más probable es que el organismo aumente la producción de nuevos glóbulos rojos. No obstante, con el tiempo, se torna difícil mantener el ritmo al cual se produce la destrucción. Finalmente, la cantidad general de glóbulos rojos disminuye, lo cual provoca una escasez de glóbulos que recibe el nombre de anemia.
La AHA puede producirse de manera repentina o gradual.
Los diferentes tipos de AHA se clasifican según su causa.
Alrededor de la mitad de los casos de AHA son idiopáticos, es decir, sus causas se desconocen.
Otras veces, la AHA está relacionada con una enfermedad. Entre las enfermedades que pueden causar AHA, se incluyen las siguientes:
La AHA también puede padecerse después de tomar determinados medicamentos. Se sabe que algunos antibióticos, como penicilina y sulfamidas, provocan esta afección.
Las mujeres son más propensas a sufrir AHA. Entre los demás factores de riesgo, se encuentran los siguientes:
La AHA es más frecuente en personas de mediana edad en adelante.
No todas las personas con AHA manifiestan síntomas. En caso de presentarlos, podrían ser los siguientes:
El médico le hará una serie de preguntas y le realizará una exploración física exhaustiva. Probablemente le solicite uno o más análisis y verifique si el bazo se encuentra inflamado.
Mediante un análisis de sangre, es posible corroborar si se ha producido una destrucción de glóbulos rojos, ya que el médico pueden contar la cantidad de glóbulos inmaduros o nuevos en la sangre. Los niveles elevados pueden indicar que el organismo ha aumentado la producción para compensar la anemia.
Los análisis de hemoglobina en orina permiten confirmar que ha tenido lugar una destrucción de glóbulos rojos.
El objetivo de la prueba de Coombs directa es identificar un aumento en los niveles de anticuerpos adheridos a los glóbulos. Es una prueba específicamente concebida para diagnosticar la AHA.
El análisis de aglutininas frías permite detectar niveles elevados de anticuerpos asociados con infecciones causantes de AHA, como la neumonía por micoplasma, que es un tipo de bacteria que infecta los pulmones y provoca una neumonía que afecta principalmente a personas menores de 40 años.
El bazo forma parte del sistema linfático y protege el organismo mediante la eliminación de los glóbulos rojos envejecidos y degradados. El bazo está ubicado por detrás del estómago, en el lado izquierdo del abdomen. Una inflamación del bazo puede ser un signo de que el organismo está sobrecargado de glóbulos rojos desgastados o dañados.
Para verificar si el bazo está inflamado, el médico le palpará el abdomen durante la exploración física o, si es necesario, le realizará una ecografía para medir el tamaño del bazo.
Si presenta síntomas leves o si la afección parece estar mejorando, posiblemente no necesite recibir tratamiento.
Si sufre una anemia grave, es probable que necesite una transfusión de sangre. Sin embargo, se trata solo de una solución provisoria y lo más probable es que necesite someterse también a otros tratamientos.
Si se determina que la causa de la afección es una enfermedad subyacente, es posible que el tratamiento consista en controlar dicha enfermedad. Si el origen es el uso de algún medicamento, probablemente deba dejar de tomarlo.
Por lo general, los esteroides suelen ser el primer tratamiento contra la anemia sintomática o las anemias propensas a empeorar.
Si la anemia no mejora con los esteroides, es posible que usted deba someterse a una intervención quirúrgica para extirpar el bazo. El bazo es uno de los lugares principales donde se destruyen los glóbulos rojos.
Si la extirpación del bazo no resulta eficaz, quizás deban usarse inmunodepresores. Estos medicamentos inhiben el sistema inmunitario e impiden que los anticuerpos (proteínas) ataquen las células sanguíneas. Sin embargo, los inmunodepresores pueden dejar al paciente expuesto a contraer infecciones. Algunas personas se enferman con mayor frecuencia como una de las complicaciones de este tratamiento.
En algunas personas, la AHA desparece por completo, a veces, incluso sin tratamiento. En otras, la AHA se convierte en un problema crónico que puede aparecer y desaparecer durante años.
Escrito por (en Inglés): Joann Jovinelly
Revisado médicamente (en Inglés)
: George Krucik, MD