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Antiguamente, la enfermedad de Alzheimer (EA) recién se confirmaba después de que la persona moría y se realizaba una autopsia en el cerebro. Hoy en día, los médicos pueden realizar un diagnóstico preciso en vida.
Aún así, el diagnóstico de la EA no es una ciencia exacta, ya que los síntomas de esta enfermedad son similares a los de otras afecciones. Además, si bien la genética desempeña un papel importante en la EA, aproximadamente el 75 por ciento de las personas que la padecen no tienen antecedentes familiares conocidos de la afección. Por lo tanto, es fundamental que consulte a un médico con experiencia en el diagnóstico de la EA.
Un médico con experiencia en el diagnóstico de la EA seguirá los pasos que se describen a continuación.
Se detallarán los antecedentes médicos del paciente, entre los cuales se incluirá lo siguiente:
Asimismo, es posible que el médico hable con familiares y amigos del paciente, ya que ellos pueden ofrecer una perspectiva más profunda sobre su personalidad, memoria y habilidades cognitivas.
Se realizará una exploración física exhaustiva del paciente, la cual incluirá lo siguiente:
La prueba neuropsicológica más frecuente es el miniexamen cognoscitivo (MEC), que incluye una selección de preguntas y consignas destinadas a evaluar el estado cognitivo (mental) básico del paciente. Por ejemplo, se busca determinar si el paciente sabe qué fecha es y dónde se encuentra, si puede repetir una lista de palabras o frases, si puede contar de atrás para adelante empezando por el 100 y avanzando de siete en siete. Este examen no es perfecto debido a que, por ejemplo, los resultados pueden verse afectados por el nivel de educación del paciente. Sin embargo, constituye un buen punto de partida para la evaluación de la EA.
El diagnóstico de la EA de aparición temprana (cuando los síntomas se manifiestan en personas de mucho menos de 60 años) probablemente incluya pruebas genéticas.
El diagnóstico de las demencias y de la AE solía ser bien directo: familiares o amigos notaban ciertos problemas en la capacidad del paciente de pensar, aprender y recordar.
Sin embargo, nuestro conocimiento acerca de las demencias y la EA ha ido aumentando con el paso del tiempo. Actualmente se cree que la EA produce cambios en el cerebro años, e incluso décadas, antes de que los síntomas comiencen a manifestarse. En respuesta, el National Institute on Aging [Instituto Nacional sobre el Envejecimiento, NIA), los National Institutes of Health [Institutos Nacionales de la Salud, NIH) y la Alzheimer's Association [Asociación para el Alzheimer] han publicado las siguientes tres fases para reflejar de una mejor manera el avance de la EA en el transcurso del tiempo.
Esta fase supone la presencia de cambios que pueden ser indicios de signos tempranos de la EA. Algunos ejemplos incluyen cambios mensurables en los biomarcadores, como las imágenes del cerebro o la composición bioquímica del líquido cefalorraquídeo. Actualmente, no existen criterios de diagnóstico clínico para esta fase. Sin embargo, se ha delineado un esquema para definir esta etapa de la EA.
En esta fase se producen cambios leves en la memoria y en las habilidades cognitivas. Si bien estos cambios pueden percibirse y medirse, su magnitud no es suficiente como para afectar la capacidad de la persona de manejarse de manera independiente y realizar sus actividades cotidianas.
Esta fase se caracteriza por síntomas cognitivos (relacionados, por ejemplo, con la memoria y el intelecto) y conductuales que afectan la capacidad de la persona de manejarse en su vida diaria.
Escrito por (en Inglés): Wendy Leonard, MPH
Revisado médicamente (en Inglés)
: Jennifer Monti, MPH, MD