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La enfermedad renal crónica (ERC) provoca la destrucción progresiva e irreversible de los riñones.
Los riñones son una parte fundamental del organismo y tienen varias funciones:
Si se dañan los riñones, estas funciones se ven afectadas. En el informe Chronic Kidney Disease Surveillance Report de 2009, los Centers for Disease Control and Prevention [Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, CDC] de los Estados Unidos revelaron que aproximadamente veintiséis millones de estadounidenses padecen ERC.
Las causas más frecuentes de la ERC son la presión arterial elevada y la diabetes.
Cada riñón contiene aproximadamente un millón de unidades de filtrado diminutas llamadas nefronas. Cualquier enfermedad que lesione o deje cicatrices en estas unidades de filtrado puede derivar en una enfermedad renal. La diabetes y la presión arterial elevada pueden dañar las nefronas.
La presión arterial elevada también puede dañar los vasos sanguíneos de los riñones, el corazón y el cerebro. Esto es clave porque, en general, las enfermedades de los vasos sanguíneos son peligrosas para los riñones ya que se trata de órganos muy vasculares, es decir, que contienen muchos vasos sanguíneos.
Las enfermedades autoinmunitarias, como el lupus, pueden dañar los vasos sanguíneos y generar anticuerpos contra el tejido del riñón.
Las demás causas de la ERC son variadas. La poliquistosis renal es una causa hereditaria de la ERC. La glomerulonefritis puede producirse por el lupus o puede aparecer después de una infección estreptocócica.
El riesgo de la ERC aumenta a partir de los 65 años y es hereditaria. Las personas afroamericanas, indígenas y de ascendencia asiática son más propensas a padecer esta enfermedad. Entre los factores de riesgo de la ERC, pueden mencionarse los siguientes:
La ERC no causa ningún síntoma hasta que no se ha destruido ya aproximadamente el 90 por ciento del riñón.
Una vez que el riñón está gravemente dañado, pueden presentarse los siguientes síntomas:
Es posible que también presente los síntomas de alguna enfermedad que contribuya a sus problemas renales.
El diagnóstico de la ERC se determina a partir de los antecedentes médicos. Los antecedentes familiares de insuficiencia renal, la presión arterial elevada o la diabetes pueden despertar sospechas. Sin embargo, es necesario realizar otros análisis para confirmar el diagnóstico de ERC.
El resultado del hemograma completo (HC) puede indicar que hay anemia. Los riñones generan eritropoyetina, la hormona que estimula la producción de glóbulos rojos en la médula ósea. Si el riñón se daña gravemente, produce menos eritropoyetina y esto, a su vez, provoca una disminución de los glóbulos rojos, conocida como anemia.
La ERC puede afectar los niveles de electrolitos. El nivel de potasio puede ser alto y el nivel de bicarbonato puede ser bajo. Puede haber un aumento de ácido en la sangre.
La BUN puede ser elevada cuando el riñón comienza a funcionar mal. Normalmente, el riñón elimina los productos de la descomposición de proteínas de la sangre. Cuando existe daño renal, estos subproductos se acumulan. La urea es un subproducto de la descomposición de proteínas y es lo que le da a la orina su olor característico.
A medida que disminuye la función renal, aumenta la creatinina. Esta proteína también está relacionada con la masa muscular.
El riñón y la glándula paratiroidea interactúan a través de la regulación del calcio y el fósforo. Los cambios en la función renal afectan la liberación de la PTH, lo cual, a su vez, influye en el nivel de calcio que hay en todo el organismo.
En la etapa final de la enfermedad, que se conoce como enfermedad renal terminal (ERT), el riñón ya no elimina suficiente fósforo y la síntesis de la vitamina D se deteriora. Esto puede provocar la liberación de calcio de los huesos, lo cual, con el tiempo, los debilita.
Se trata de un estudio de diagnóstico por imágenes que analiza la función renal.
En esta prueba no lesiva se evalúan los riñones y la próstata, y puede observarse si hay alguna obstrucción.
Entre las pruebas para detectar la ERC, se incluyen las siguientes:
La ERC es crónica e irreversible. El tratamiento se enfoca en mejorar la enfermedad subyacente,
pero también puede evitar y controlar las complicaciones de la ERC, como las siguientes:
El control de los problemas subyacentes, como la hipertensión y la diabetes, también puede disminuir la tasa de daño renal.
Una vez que la función renal se reduce al 10 por ciento o menos, los síntomas son evidentes. A esta altura, quizás sea necesario recurrir a la diálisis o a un trasplante de riñón.
Cuando los riñones claramente comienzan a cerrarse, se habla ya de enfermedad renal terminal. El tratamiento para la ERC/ERT incluye lo siguiente:
Las personas que padecen ERC/ERT pueden ser más propensas a sufrir infecciones. Se recomiendan las siguientes vacunas:
La ERC no siempre puede prevenirse. Sin embargo, el control de afecciones tales como la presión arterial elevada y la diabetes puede ser de ayuda.
Escrito por (en Inglés): Verneda Lights and Elizabeth Boskey, PhD
Revisado médicamente (en Inglés)
: George Krucik, MD