Si presenta una reacción alérgica a un medicamento recetado o de venta libre, el médico podría realizarle algunas pruebas para confirmar la alergia. Por ejemplo:
Prueba cutánea
En el caso de algunos fármacos, una prueba de alergia cutánea puede emplearse para descubrir si usted es alérgico. Durante la prueba de punción cutánea, se inyecta una cantidad mínima del fármaco en la piel -generalmente en la espalda o el antebrazo. Una reacción al fármaco se considerará de tipo alérgico si aparece enrojecimiento, bultos u otra inflamación evidente en la piel. También existen pruebas intradérmicas que demuestran alergias a la inmunoglobulina E (IgE) en el caso de unos pocos fármacos solamente, entre ellos penicilina y algunos otros antibióticos. En este método, se inyecta una pequeña cantidad del alérgeno debajo de la piel y se controla el área para detectar alguna reacción. Puede emplearse una prueba de punción cutánea o una prueba intradérmica con el mismo fin en función del fármaco en cuestión.
Prueba de provocación farmacológica
En determinadas situaciones graves en las cuales se desconoce la sensibilidad del paciente a un fármaco potente, se realiza una prueba de provocación en la que se administran dosis en aumento del fármaco -en forma oral o subcutánea- en intervalos determinados. Si la reacción al fármaco no indica una alergia, este puede emplearse como tratamiento seguro para el paciente. El riesgo de este tipo de prueba incluye una reacción grave e, incluso, una posible anafilaxia.
Escrito por (en Inglés): the Healthline Editorial Team
Revisado médicamente (en Inglés)
: Stephanie Burkhead, MPH
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