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La vitamina D, también denominada vitamina de la luz solar, es un nutriente importante. En su forma activa (calcitriol), se comporta como una hormona. El organismo puede producir 10.000 UI o más de vitamina D con tan solo entre 10 y 15 minutos de exposición a la luz solar durante el verano.
La vitamina D desempeña un papel importante para la salud ósea. Existen pocos alimentos naturales que contienen vitamina D. Los fabricantes de alimentos fortifican la leche y otros productos con vitamina D desde hace décadas con el fin de erradicar el raquitismo, que es una enfermedad ósea infantil.
Prácticamente, todos los tipos de células y tejidos del organismo contienen receptores de esta hormona tan importante. Los receptores funcionan como cerraduras: se abren con la llave correcta y estimulan a las células para que actúen de una cierta manera. Existen pruebas que demuestran que probablemente quienes tienen niveles más elevados de vitamina D vivan más años. Los estudios también sugieren que la mayoría de los estadounidenses tienen niveles de vitamina D insuficientes o deficientes.
El hecho de que haya receptores de vitamina D en todo el organismo indica la importancia de esta vitamina. Las investigaciones revelan que la vitamina D desempeña un papel vital para la salud del sistema inmunitario, el cerebro, el corazón y los vasos sanguíneos, entre otros órganos y sistemas.
Actualmente, muchos médicos controlan los niveles de vitamina D de los pacientes y, si son demasiado bajos, les recetan suplementos. La falta de vitamina D puede aumentar el riesgo de padecer numerosas afecciones y enfermedades.
Es posible que ciertas enfermedades autoinmunitarias, como la diabetes de tipo 1, la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide, estén vinculadas con la carencia de vitamina D. Las enfermedades autoinmunitarias se producen cuando el sistema inmunitario ataca los tejidos del organismo. La falta de vitamina D se ha asociado con un funcionamiento deficiente del sistema inmunitario.
La carencia de vitamina D también se ha relacionado con el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, osteoporosis (afección que debilita los huesos), enfermedad cardíaca, trastornos del estado de ánimo e incluso ciertos tipos de cáncer. En su forma activa, la vitamina D contribuye a controlar la inflamación crónica. La inflamación constante se ha asociado con enfermedades como endurecimiento de las arterias (ateroesclerosis), artritis (inflamación dolorosa de las articulaciones) e incluso cáncer.
La vitamina D puede consumirse a través de un suplemento. Existen dos tipos: la vitamina D3 y la vitamina D2. Es preferible la vitamina D3, ya que se absorbe mejor si se la administra por vía oral.
El gobierno actual recomienda dosis diarias de entre 400 UI y 800 UI de vitamina D. Muchos expertos afirman que es necesario consumir dosis diarias más elevadas que las recomendadas para obtener mejores resultados. Algunos, incluso, recomiendan consumir entre 2.000 y 7.000 UI de vitamina D3 todos los días.
Los siguientes factores pueden afectar los niveles de vitamina D:
Las personas con piel oscura no producen vitamina D tan fácilmente como quienes tienen piel clara cuando se exponen a la luz solar.
La vitamina D se disuelve en la grasa y se almacena en los adipositos. Las personas con sobrepeso suelen a tener más vitamina D almacenada en los adipositos que en la sangre, por lo que quizás necesiten dosis más elevadas de vitamina D3 para mantener niveles óptimos en la sangre.
La intoxicación por vitamina D, que se produce por haber consumido suplementos de vitamina D en exceso, es relativamente poco frecuente. Para que ocurra, es necesario consumir más de 10.000 UI de vitamina D suplementaria todos los días durante meses. Según el gobierno de los Estados Unidos, las dosis máximas tolerables van de las 1.000 UI por día para los bebés a las 4.000 UI por día para los adultos. Para algunos expertos, estos niveles son demasiado bajos.
Escrito por (en Inglés): Dale Kiefer
Revisado médicamente (en Inglés)
: George Krucik, MD