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La meningitis es una inflamación de las meninges, que son las membranas que cubren el cerebro y la médula espinal. La meningitis puede producirse cuando se infecta el líquido que rodea las meninges.
Las causas más frecuentes de la meningitis se atribuyen a infecciones víricas o bacterianas. La meningitis es contagiosa y se transmite a través de la tos, los estornudos o el contacto cercano. Entre las demás causas, se incluyen las siguientes:
La meningitis bacteriana constituye una emergencia médica potencialmente mortal.
Las causas más comunes son los virus y las bacterias.
La meningitis vírica suele afectar a los niños menores de cinco años y se manifiesta más frecuentemente a inicios del otoño. El treinta por ciento de los casos se atribuyen a enterovirus, que suelen ser los responsables de las enfermedades intestinales. El virus del Nilo occidental y el virus de la influenza también pueden desencadenar la meningitis.
La meningitis vírica es más frecuente en los adultos menores de 30 años y su pronóstico suele ser más satisfactorio que el de la meningitis bacteriana. Puede revertirse espontáneamente.
La meningitis bacteriana es contagiosa y puede suponer un riesgo de muerte. Hasta el 40 por ciento de los niños y la mitad de los adultos que la contraen mueren, aun con el tratamiento adecuado. Los tipos de meningitis bacteriana son los siguientes:
Existen varios otros tipos de meningitis. La criptocócica es causada por un tipo determinado de hongos. La carcinomatosa está vinculada al cáncer.
Los síntomas varían según la edad del paciente.
Los adolescentes y los adultos jóvenes pueden presentar los siguientes síntomas:
Los bebés pueden manifestar lo siguiente:
Los niños pequeños pueden presentar los siguientes síntomas:
Los adultos mayores pueden tener lo siguiente:
La meningitis también puede provocar una alteración en el estado mental y fotofobia.
Si presenta alguno de estos síntomas, busque atención médica de inmediato. La meningitis bacteriana puede ser mortal. No se conoce un método para establecer, a partir de los síntomas, si la meningitis es de etiología vírica o bacteriana.
Existen varios factores de riesgo, que incluyen los siguientes:
Las personas que padecen una deficiencia inmunitaria están más expuestas a las infecciones, entre las que se incluyen aquellas que pueden provocar una meningitis. Los pacientes con VIH/SIDA pueden adquirir una meningitis neumocística, que es poco común en la población general.
La meningitis se contagia fácilmente entre quienes viven en lugares cerrados. Los espacios pequeños aumentan las posibilidades de exposición. Entre los espacios de alto riesgo pueden mencionarse los siguientes:
Las embarazadas son más propensas a contraer listeriosis, una forma de meningitis provocada por una bacteria denominada listeria, que puede afectar al feto.
La edad promedio en la que se contrae una meningitis bacteriana es de 25 años. La meningitis vírica es más frecuente en los niños menores de cinco años.
Los granjeros u otras personas que trabajan con animales corren un mayor riesgo de infectarse por listeria.
El diagnóstico de la meningitis comienza con un análisis de los antecedentes médicos y una exploración física. La edad, vivir en una residencia estudiantil y asistir a una guardería pueden ser indicios importantes. En la exploración física puede detectarse lo siguiente:
El diagnóstico de meningitis suele confirmarse con una punción lumbar, también conocida como punción espinal, que es un procedimiento que le permite al médico analizar si hay un aumento de presión en el sistema nervioso central y detectar una inflamación o la presencia de bacterias en el líquido cefalorraquídeo. Este procedimiento también puede ayudar a determinar el mejor antibiótico para el tratamiento.
Es posible que además le soliciten otras pruebas diagnósticas.
Un HC con fórmula leucocítica constituye un índice general del estado de salud, que realiza un recuento de glóbulos blancos y rojos. Como los glóbulos blancos combaten las infecciones, el recuento suele ser elevado en el caso de una meningitis.
El hemocultivo analiza la presencia de bacterias en la sangre, que pueden luego trasladarse hacia el cerebro. Los meningococos y los neumococos pueden provocar tanto septicemia como meningitis.
Una radiografía de tórax revelará la presencia de infecciones por neumonía, tuberculosis u hongos. La meningitis puede manifestarse después de una neumonía.
Las TC de la cabeza pueden mostrar la presencia de problemas como un absceso cerebral o sinusitis. Las bacterias pueden diseminarse desde los senos hacia las meninges.
El tratamiento depende de la etiología de la meningitis.
Si es bacteriana, se procede a una internación inmediata. El tratamiento consistirá en administrar antibióticos por vía intravenosa. Son importantes el diagnóstico y el tratamiento precoces porque ayudan a evitar daños cerebrales y la muerte. No existe un antibiótico específico para combatir la meningitis, puesto que depende de la bacteria desencadenante.
Las meningitis fúngicas se tratan con agentes antimicóticos
y las víricas no se tratan porque suelen revertirse de manera espontánea. Los síntomas deben ceder en el lapso de dos semanas. La meningitis vírica no trae aparejados problemas graves a largo plazo.
Pueden estar relacionadas con lo siguiente:
A las personas expuestas a infecciones por meningococos se les administra un tratamiento preventivo de antibióticos.
También existen vacunas para protegerse contra ciertos tipos de meningitis, entre las que se encuentran las siguientes:
Los siguientes grupos:
Escrito por (en Inglés): Verneda Lights and Elizabeth Boskey, PhD
Revisado médicamente (en Inglés)
: George Krucik, MD