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Los trastornos de las células sanguíneas producen consecuencias en los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y en unas células más pequeñas que circulan por la sangre llamadas plaquetas. Estos tres tipos de células se forman en la médula ósea, que es el tejido blando que se encuentra en el interior de los huesos. Los glóbulos rojos transportan oxígeno a los órganos y tejidos. Los glóbulos blancos combaten las infecciones que atacan el organismo. Las plaquetas intervienen en la coagulación de la sangre. Los trastornos de las células sanguíneas repercuten en la formación y el funcionamiento de uno o más de estos tipos de células.
Existen numerosos tipos de trastornos de las células sanguíneas que pueden afectar drásticamente el estado de salud general. Entre los más frecuentes, se incluyen los siguientes:
La anemia es un tipo de trastorno de los glóbulos rojos que generalmente se produce como consecuencia de una carencia de hierro (un mineral) en la sangre. El organismo necesita el hierro para producir una proteína llamada hemoglobina, utilizada por los glóbulos rojos para transportar oxígeno desde los pulmones al resto del organismo.
La anemia de células falciformes (ACF) es un tipo de anemia que recibe su nombre por la forma atípica que adquieren los glóbulos rojos afectados. La forma de un glóbulo rojo normal es similar a la de un disco. Sin embargo, debido a una mutación genética, los glóbulos rojos de los pacientes con anemia de células falciformes contienen moléculas de hemoglobina que presentan anomalías, por lo que adquieren una rigidez y una forma curva poco común. La forma de los glóbulos rojos les impide transportar hacia los tejidos la misma cantidad de oxígeno que los glóbulos rojos normales. Además, es posible que queden atrapados en los vasos sanguíneos y obstaculicen el flujo sanguíneo hacia los órganos.
La ACF es una enfermedad hereditaria que se transmite de padres a hijos cuando ambos padres tienen la afección. Es más frecuente entre los afroamericanos.
Las plaquetas son las primeras en responder ante un corte u otro tipo de lesión. Se agrupan en el lugar de la lesión para formar una especie de tapón temporal y evitar la pérdida de sangre. En las personas que padecen un trastorno de las plaquetas, como la enfermedad de Von Willebrand, la sangre puede contener una cantidad insuficiente de plaquetas, una cantidad excesiva de plaquetas o plaquetas que no se coagulan correctamente.
Tener una cantidad insuficiente de plaquetas es muy peligroso porque incluso una herida pequeña puede generar una pérdida importante de sangre. Si tiene una cantidad excesiva de plaquetas, la formación de coágulos sanguíneos puede obstruir una arteria principal y causar un accidente cerebrovascular o un ataque cardíaco. A veces, las plaquetas deformes no logran adherirse a otras células sanguíneas o a las paredes de los vasos sanguíneos, lo que impide su correcta coagulación. Esto también puede producir una pérdida de sangre que ponga en riesgo su vida.
Estos trastornos afectan los glóbulos blancos en los niños. Se manifiestan cuando la médula ósea produce una cantidad excesiva o insuficiente de glóbulos blancos. Cuando los glóbulos blancos no son suficientes, el organismo no puede combatir las infecciones. Una cantidad excesiva de glóbulos blancos (un recuento elevado de glóbulos blancos) puede indicar la presencia de leucemia, determinadas infecciones o afecciones como el sarampión o la tos ferina. En casos poco frecuentes, una enfermedad de la médula ósea o una afección autoinmunitaria (cuando el organismo ataca a sus propias células) puede causar la producción de una cantidad excesiva de glóbulos blancos.
Los trastornos de las células sanguíneas pueden ser causados por una enfermedad o pueden ser heredados de los padres (hereditarios). Por ejemplo, a raíz de una carencia de hierro debida a la falta de hierro en el régimen alimentario o a problemas con la absorción de este mineral, el organismo puede producir una cantidad insuficiente de glóbulos rojos, mientras que a causa de una afección genética, como la policitemia vera, la producción puede ser excesiva.
Si padece una enfermedad autoinmunitaria, como el lupus, es posible que el sistema inmunitario destruya sus propias plaquetas. Esto afectará la capacidad del organismo de detener hemorragias.
Los niveles bajos de glóbulos blancos o los glóbulos blancos que presentan anomalías son causados por infecciones que los destruyen o superan su capacidad. En algunas afecciones médicas, la velocidad a la que se destruyen los glóbulos blancos es mayor que la velocidad a la que se producen en la médula ósea. Es posible que el organismo aumente la producción de glóbulos blancos para combatir una enfermedad o infección.
Usted o su hijo posiblemente corran el riesgo de padecer un trastorno de los glóbulos rojos si tienen niveles bajos de hierro en la sangre. También cabe la posibilidad de que corran el riesgo de padecer trastornos de los glóbulos blancos si padecen una infección grave o una enfermedad autoinmunitaria. Asimismo, es posible que corran el riesgo de padecer trastornos de las células sanguíneas en general si en la familia hay antecedentes de este tipo de trastornos.
Los síntomas varían según el tipo de trastorno de las células sanguíneas. A continuación, se enumeran los síntomas más frecuentes para cada tipo de trastorno.
Quizás el médico le solicite varios análisis, incluido un hemograma completo (HC), para verificar los niveles de cada tipo de célula sanguínea. También es posible que le solicite una biopsia de médula ósea si se identifica la presencia de células con anomalías en la médula. Esta prueba consiste en la extracción de una cantidad pequeña de médula ósea para analizarla.
El plan de tratamiento dependerá de la afección que lo aqueje, de su edad y de su estado de salud general. El médico posiblemente use una combinación de tratamientos para corregir el trastorno de las células sanguíneas, entre ellos, los siguientes:
Para los trastornos de las plaquetas, pueden usarse medicamentos como Nplate (romiplostim) para tratar los problemas de coagulación. En los trastornos de los glóbulos blancos, el uso de antibióticos permite combatir las infecciones. Las anemias causadas por carencias pueden tratarse con suplementos nutricionales como hierro y vitamina B9 (folato) o B12 (cobalamina).
Es posible realizar un trasplante de médula ósea para reparar o reemplazar la médula dañada. El trasplante consiste en la transferencia de células madre, generalmente de un donante, al cuerpo del paciente para que la médula ósea comience a producir células sanguíneas normales. Las transfusiones de sangre son otra opción para reemplazar las células sanguíneas perdidas o dañadas. El paciente recibe una infusión de sangre saludable proveniente de un donante.
Para que estos procedimientos sean exitosos, es necesario que se cumplan ciertas condiciones. Los donantes de médula ósea deben ser compatibles (o tener el mayor porcentaje de compatibilidad posible) con su perfil genético. En el caso de las transfusiones de sangre, el donante debe tener un grupo sanguíneo compatible con el del receptor.
Escrito por (en Inglés): Brindles Lee Macon & Matthew Solan
Revisado médicamente (en Inglés)
: George Krucik, MD